
Lira Olivera dejó su natal Cajamarca desde muy pequeña llegando a la capital de la mano de su madre. Comenzó a trabajar desde los 15 años como ayudante en la venta de pescado sin pensar que después de unos años tendría su propio negocio dedicado a la venta de este producto, “Koko’s”. El mismo que busca expandirse en los distritos de la capital.
–¿Dónde empezó a trabajar? Cuando tenía quince años era ayudante de ventas de pescado. Mi hermana vendía pescado en Ventanilla y cuando aprendí cómo era el negocio decidí comenzar a vender sola. Siempre con la filosofía de que hay que mirar hacia adelante y nunca andar para atrás como el cangrejo, aunque hayan tropiezos. –¿Y dónde inició su negocio propio? También en el terminal de Ventanilla. Compraba pescado que llegaba en las cámaras y lo revendía a los comerciantes de los pequeños mercados que llegaban allí, mi madre fue una de las personas quien me ayudó a surgir. –¿Fue difícil independizarse? Como ya tenía mis conocidos no me costó mucho iniciar. Necesitaba capital, pero solicité un préstamo. Vendía solo perico, porque era uno de los pescados más baratos, diariamente podía llegar a vender entre 200 a 400 kilos de pescado. Trabajé en Ventanilla por dos años y luego obtuve un puesto en el nuevo terminal pesquero de Minka, donde ya llevo ocho años trabajando. –¿Fue difícil salir adelante? Al inicio sí, porque ese terminal era nuevo y había poca clientela. El pescado se malograba y eso generaba pérdidas. El crecimiento fue lento, poco a poco se han ido mejorando las ventas. Además tuve que incorporar nuevas especies a mi negocio porque el mercado requería pescado congelado y comencé a variar los tipos de pescado incorporando la venta de pescado grande como “Luna” o “Aguja” que pueden pesar 20 kl, aunque eso generaba un poco de temor. –¿Por qué? Porque pensaba que no se vendería pero sí le gustó a la gente, captó más clientela y comencé a comprar más, como el pez espada. Ya compraba en grandes cantidades. Mi mayor secreto fue tratar bien a los compradores, brindarles el mejor producto, entretenerlos para que vuelvan y, por supuesto, darles su “yapita”. –¿Quiénes son sus principales clientes? Aparte del público directo, atiendo a restaurantes, universidades, agencias de viajes, amas de casa.. Y afortunadamente tengo éxito. Trabajamos con dos ayudantes, Emilio y Vilma, a quienes los animo para que en un futuro tengan su propio negocio. Tengo ya tres puestos en Minka, y puedo llegar a vender entre 9 y 14 toneladas de pescado al mes. –¿Qué planes tiene para su negocio? Quiero tener una cámara para poder comprar directamente el pescado en el terminal y tener cómo trasladarlo. Busco llegar a otros mercados donde pueda abrir nuevos locales y asimismo lograr poner una cebichería junto con mi hijo que se encuentra en el extranjero.
Fuente : Expreso - CINTHYA ALBÁN - FOTO.
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