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19 Febrero del 2019 a las 10:01 am

Sobre empleo y productividad, por Juan Carlos Odar

El año 2018 cerró con un crecimiento de la población ocupada de 1,6%, con lo que el número de personas trabajando llegó a 16’776.500, superando en 219.300 a las que lo hicieron durante 2017. En promedio a lo largo de los últimos cinco años, el ritmo de incremento ha sido ligeramente inferior (1,4%), mientras que el flujo de trabajadores ha sido similar (218.720) al del último año.

La productividad (media) del trabajo -definida como el ratio entre el valor de la producción de un sector entre el número de trabajadores que se dedica a dicha actividad- sigue mostrando diferencias destacables intersectoriales, aunque cabe indicar que la información está bastante agregada (por ejemplo, el empleo en todos los sectores primarios está agrupado en un único dato).

En todo caso, se encuentra que la productividad laboral en el sector manufactura es 54,4%, superior al promedio nacional, seguida por la de servicios (16,8%). Por su parte, en comercio es 38,1% menor, y en los sectores primarios la brecha negativa es de 18,9%.

Si comparamos esta situación con la del 2013, la productividad acumulada en términos reales ha decrecido 2,8% desde entonces. De hecho, la productividad del sector construcción ha caído, pero la de servicios explica la mayor parte de este resultado, pues ha decrecido 13,7% (incluso se ha recuperado levemente el año pasado, pues se incrementó en 2,3%). Por el contrario, en el horizonte de los últimos cinco años, se incrementó la productividad en las actividades primarias (agropecuario, pesca y minería en conjunto), comercio y manufactura.

Ahora, si nos concentramos únicamente en el ámbito urbano, encontramos que la tasa de empleo formal fue de 34,3%, igual a la del 2017. Aunque cabe indicar que la tasa a cierre de año se alcanzó tras un inusual incremento en diciembre del indicador, que en noviembre había sido 33,8%. Así, la tasa actual es virtualmente la misma que la del 2014 (34,5%).

Es decir, el mercado laboral no solo nos muestra un bajo nivel de formalidad (incluso urbana) -estancada en los últimos años, pese a que la economía ha seguido creciendo- sino que además este hecho impacta cada vez con más fuerza en la productividad. Esto evidencia la necesidad de una reforma laboral integral, como ya se ha venido discutiendo.

Vale la pena explorar antes de la misma cuánto del incremento en productividad que han registrado recientemente los sectores primarios correspondió a la apertura comercial y a los regímenes más flexibles de contratación de trabajadores.

 

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